¿Y si México generara sus propias imágenes para vigilar el cambio climático?
Dos estudiantes del IPN desarrollaron un prototipo de carga útil para captar, transmitir y analizar imágenes del Iztaccíhuatl. La idea no solo apunta al espacio: también busca responder una pregunta urgente sobre nuestros propios datos.
Paloma Alonso Gutiérrez, Alfredo Sánchez Martínez
6/2/20264 min leer


Créditos
Redacción y adaptación del texto de divulgación:
Paloma Alonso, Alfredo Sánchez a partir de la tesis:
A. Sánchez Martínez y R. Domínguez Arana (2025). Prototipo de módulo de carga útil para percepción remota satelital. Tesis de licenciatura. Dirigido por: Dr. Jorge J. Hernández Gómez y Dr. Alberto Jesús Alcántara Méndez. Escuela Superior de Cómputo, Instituto Politécnico Nacional.
Cuando pensamos en imágenes satelitales, solemos imaginar tecnología lejana, costosa y controlada por grandes agencias o empresas internacionales. Parece algo que simplemente “ya existe” y que nosotros solo podemos consultar. Pero detrás de esa comodidad hay una realidad incómoda: en muchos casos, dependemos de datos que no producimos, que no controlamos y que no siempre están ajustados a lo que realmente necesitamos estudiar.
Ahí entra una pregunta poderosa: ¿qué pasaría si en lugar de esperar datos externos, empezáramos a desarrollar nuestras propias herramientas de observación?
Esa fue una de las ideas que impulsó el trabajo de Alfredo Sánchez y Rebeca Domínguez, estudiantes de la Escuela Superior de Cómputo del Instituto Politécnico Nacional, quienes desarrollaron un prototipo de módulo de carga útil para percepción remota satelital. Dicho de forma más simple: un sistema capaz de captar imágenes, transmitirlas, recibirlas en tierra y analizarlas con fines ambientales.
Uno de los puntos de partida fue el estudio de la cobertura de nieve y hielo en el Iztaccíhuatl. El problema es que, aunque existen imágenes satelitales disponibles, no siempre ofrecen la frecuencia, calidad o condiciones necesarias para hacer análisis más profundos. En el documento del proyecto se explica que, para este caso, los datos disponibles resultaban limitados para construir series más robustas y para explorar modelos predictivos con mayor alcance sobre el cambio climático.
Eso conecta con el propio trabajo previo de Alfredo, donde se analizaron imágenes satelitales históricas del cinturón volcánico Transmexicano mediante técnicas como la Descomposición Empírica en Modos. Ese antecedente permitió observar tendencias de disminución de nieve y hielo, pero también dejó clara una dificultad: con pocos datos útiles por periodo, predecir con mayor precisión se vuelve mucho más complicado.
Para atender esa necesidad, el proyecto planteó el desarrollo de un prototipo basado en componentes COTS; es decir, piezas comerciales accesibles, de menor costo y relativamente fáciles de integrar. La meta no era fabricar un satélite completo, sino construir una carga útil funcional que pudiera servir como base tecnológica para adquisición y procesamiento de imágenes.
El sistema integró varios elementos:
Una unidad de captura de imágenes,
Un sistema de transmisión de datos,
Una estación terrena para recibir la información,
Y software para analizar imágenes, generar series temporales, visualizar tendencias y hacer predicciones.
Eso vuelve al proyecto interesante por dos razones. La primera es técnica: demuestra que con ingeniería bien planteada se pueden construir soluciones funcionales sin depender de plataformas inalcanzables. La segunda es estratégica: abre la puerta a generar datos ajustados al problema que se quiere estudiar, en lugar de depender por completo de repositorios externos.
El problema no era solo mirar al volcán, sino tener suficientes datos
Una carga útil pensada desde la ingeniería, no desde la ciencia ficción




Del estándar CubeSat a pruebas con dron
Otro punto atractivo del proyecto es que se pensó con lógica aeroespacial real. El documento técnico señala que el prototipo se diseñó tomando como referencia el estándar CubeSat y considerando restricciones de integración, peso y arquitectura modular.
Eso no significa que haya sido lanzado al espacio, pero sí que fue concebido con una estructura compatible con ese tipo de desarrollo. Además, esa misma lógica permitió adaptarlo a escenarios de prueba más accesibles, como el uso de un dron para ensayar la captura y transmisión de imágenes.
Las pruebas se realizaron primero dentro de instalaciones del IPN. Más adelante, el sistema también fue llevado al entorno del Parque Iztaccíhuatl-Popocatépetl, aunque las condiciones meteorológicas limitaron la captura aérea como se había previsto originalmente. Aun así, el proyecto avanzó mediante pruebas controladas y simulaciones de condiciones de nieve, lo que permitió validar su funcionamiento general.
Y ahí está lo más valioso del proyecto: no solo construyó un prototipo, también convirtió una inquietud real en una solución posible. Porque detrás de cada imagen capturada, de cada prueba y de cada ajuste, hay algo más grande que un trabajo terminal: hay estudiantes demostrando que la ingeniería también puede mirar al territorio, entender sus problemas y proponer herramientas propias para estudiarlo. En un contexto donde muchas veces dependemos de tecnología desarrollada fuera, proyectos como este recuerdan que también aquí se puede diseñar, probar y crear.
Porque al final la pregunta ya no es únicamente cómo observar un volcán. La pregunta de fondo es otra:
Si podemos empezar a construir nuestras propias herramientas para entender nuestro territorio, ¿qué otras cosas podríamos dejar de depender de que alguien más observe por nosotros?


